Científicos del MIT han creado una película basada en proteínas que puede prorrogar la caducidad de vegetales y carnes, minimizando el desperdicio de alimentos perecederos.

Llegar a casa después del trabajo con la idea de prepararse la cena, abrir el frigorífico y toparse con el enésimo calabacín echado a perder. Este guion se repite, con sus variaciones, en millones de hogares de países desarrollados. Y no solo eso, los supermercados también se ven obligados a desechar una gran cantidad de alimentos que caducan en sus lineales. Las cifras son elocuentes: la FAO estima que un tercio de los alimentos del mundo acaban en la basura. Hablamos de mil trescientos millones de toneladas anuales. Existen numerosas técnicas para alargar la vida de los alimentos: desde envasarlos con atmósferas protectoras hasta procesos de esterilización, pero los alimentos frescos como la carne, la fruta o las verduras, lo tienen más “crudo”. Así, proteger los alimentos, a ser posible con envases biodegradables, es uno de los retos actuales de la industria. Sin ir más lejos, una empresa estadounidense ha desarrollado un bioplástico a partir de algas que es biodegradable y comestible. El enfoque de los investigadores de Cambridge Crops es algo distinto: en su caso, han apostado por una película de proteínas.

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Esta empresa estadounidense, en colaboración con los laboratorios del MIT, ha desarrollado un   y fibroína, una proteína que producen los gusanos de seda y las arañas. La compañía tiene previsto utilizar la cobertura en alimentos como frutas y verduras, e incluso carne, con el propósito de alargar su vida. La estructura molecular de esta innovadora película permite regular el contacto de los alimentos con el oxígeno y el vapor de agua, lo que reduce la oxidación y conserva las vitaminas, y a la vez minimiza la proliferación de microbios.

Además de reducir la cantidad de alimentos desechados, este producto biodegradable y comestible puede contribuir a reducir el uso de plásticos y optimizar la distribución de alimentos, que podrán conservarse más tiempo en los almacenes. Por ejemplo, las manzanas aguantan hasta dos semanas en el supermercado, pero con la nueva película sus impulsores afirman que este plazo podría multiplicarse por dos.

Nuevas alternativas al plástico: utensilios y envases comestibles

La industria alimentaria está explorando vías alternativas al plástico para la presentación y el uso de sus alimentos. Por ejemplo, la empresa Lolilware ha creado una línea de pajitas basadas en algas y que pronto se ofrecerán incluso con distintos sabores. ¿Te imaginas beber un cóctel en un vaso con sabor a cítricos? Esa es otra de las propuestas de esta compañía. Otra empresa que ha optado por utilizar las algas para la fabricación de sustitutivos del plástico es Ohoo, que produce botellas y hasta cápsulas comestibles que contienen agua o zumos. El Departamento de Agricultura de EEUU ha optado, en cambio, por la caseína, una proteína presente en la leche, para crear envoltorios comestibles y biodegradables que protegen del oxígeno a los alimentos de manera mucho más eficiente que el plástico. La Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, está trabajando también en envases fabricados a partir de carbohidratos, celulosa y proteínas completamente inocuos en caso de ingestión por parte de animales y seres humanos.

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